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Registro de salud en línea

Marzo 6, 2008 by admin · Leave a Comment 

Ya está aquí el primer registro de salud personal en línea, desarrollado por la compañía Google de la mano de uno de los mejores hospitales del mundo, The Cliveland Clinic, en Estados Unidos

La sensación de que la salud del futuro se está materializando es realmente apasionante. En el año 1997, hace ya más de una década, aventuraba en un artículo lo que estaba por llegar: “Todas estas experiencias demuestran que estamos viviendo un momento de importantes cambios en la forma de entender la atención sanitaria, que camina hacia un nuevo marco en el que el ciudadano será definitivamente el auténtico protagonista. Se podrán llegar a establecer verdaderas intranet sanitarias que utilizando el potencial de las herramientas de internet, -garantizando la debida confidencialidad- ofrezcan la posibilidad adicional de abrir determinados niveles de acceso a la población general (consultas a distancia, seguimiento de tratamientos, ensayos clínicos, epidemiológicos, etc; tanto con médicos como con farmacéuticos) un proceso asistencial verdaderamente integral, articulado en torno a potentes tecnologías de la información, conformadas como grandes redes telemáticas, que permitirán mantener una historia clínica personal y única como reflejo de la biografía sanitaria de cualquier ciudadano, y que sea accesible desde cualquier punto y momento en que sea requerida”.

Más tarde, hace unos cinco años, tuve la oportunidad de visitar la Cleveland Clinic en el Estado americano de Ohio. Buscábamos por entonces experiencias avanzadas en teleradiología y este era uno de los centros más innovadores del momento. Pues bien, a pesar de encontrarme frente a lo que tanto buscaba (profesionales qué, blandiendo sus reconocedores de voz en mano, informaban de forma automatizada, imágenes radiográficas de pacientes situados a decenas de kilómetros de distancia), no fue la telemedicina lo que más me impresionó. Tampoco lo fue contemplar la impresionante tecnología del recién premiado como mejor servicio de Cardiología de Estados Unidos. Lo que mas me sorprendió fue que en un país tan inequitativo en muchos aspectos de la atención a la salud, la implicación de ciudadanos anónimos fuese comparable a su excelencia tecnológica: mesas alargadas situadas por doquier, repletas de voluntarios jubilados que se dirigían a ti para facilitarte cualquier información o ayuda; dos papeletas para la Lotería recaudatoria, o la sugerencia de acompañarte hasta alguna dependencia alejada. “America is different”, en lo bueno y en lo malo… –pensé por entonces–. No debería sorprender pues, que el mayor referente actual del mundo digital, Google, se haya aliado con el mejor centro hospitalario para lanzar su aventura más arriesgada: ofrecer en línea a cada ciudadano su historia clínica.

Cuando hace unos días conocía la noticia, me invadió una sensación dual. En primera instancia, la posibilidad de que los datos sanitarios de millones de personas fueran custodiados por quien ya posee (a través de su servidor de correo Gmail y de los históricos de búsqueda) más información sobre los ciudadanos que ellos mismos, me devolvía la sensación vertiginosa compartida meses antes con otros colegas, cuando analizábamos el excelente documental “el mundo según Google”. En especial, revisábamos las amenazas descritas por Ian Brown, del Open Rights Group , sobre los renovados riesgos monopolísticos de la era post-Microsoft. En lo positivo, especulábamos sobre las potencialidades para la Salud del uso gratuito de las APIs de Google (Interfaz de Programación de Aplicaciones), como la asociada con Google maps, ya liberada; y que posibilitará la creación web hibridas (mashups) para fines epidemiológicos, como la creación de mapas dinámicos tras el cruce de datos clínicos con la ubicación física de los afectados (por ejemplo, evolución de casos de intoxicación en torno a una fábrica concreta); facilitado por el potencial de sus sistemas de información geográfica (por ejemplo Google Earth).

Pero la gran sorpresa ha sido comprobar que finalmente, uno de los hospitales más importantes del mundo, se ha implicado de lleno en la aventura: ¿Arriesgarían su destacado prestigio, cooperando con una plataforma en Internet de acceso libre, sin suficientes garantías? ¿Deberíamos entonces dar un voto de confianza provisional? ¿Será la alternativa “open” a otras comerciales como las presentadas hace meses por Steve Case con su RevolutionHealth o la Healthvault de Microsoft? Sólo el tiempo lo dirá… Por el momento, parece que Google ha comprometido que las páginas asociadas con esta iniciativa no serán utilizadas para su negocio de publicidad. Veamos cuánto dura.

Articulo original: Grupo Joly-06-mar-08

Innovación y bienestar ciudadano, Nueva encrucijada empresarial

Marzo 1, 2008 by admin · Leave a Comment 

Tradicionalmente, el acierto intuitivo en la definición de su producto o servicio,- y su posterior encaje en un determinado mercado, representaba la única y definitiva apuesta en toda la vida útil de una empresa. En todo caso, sólo una parte de los retornos eran destinados a la búsqueda de algún diferencial que les permitiese arañar alguna cuota de mercado; más allá de la mejora continua de su eficiencia gestira y la optimización técnica de sus procesos.

En la actualidad, en cambio, el definitivo apoderamiento del consumidor, que conlleva decisiones cada vez más fundadas e informadas, y su emergente papel como “prosumidor”, alumbran una realidad cada vez más palmaria: la innovación permanente no es ya una opción, es la esencia de la supervivencia empresarial.

¿Y, qué es la Innovación?

La innovación es el proceso de puesta en valor de una idea. Así, una persona u organización puede ser imaginativa, creativa o intuitiva cada vez que concibe una idea novedosa, pero sólo será innovadora cuando sea capaz de activar los procesos necesarios para que la misma se haga tangible en alguna forma de plusvalía.

¿Pero, dónde innovar?: Las uevas tecnologías y la calidad de vida

Los cabios demográficos y migratorios por todos conocidos, junto al renovado protagonismo de los ciudadanos en el proceso productivo propio de la globalización, llevará a muchas empresas a alinear sus prácticas innovadoras con las necesidades realmente percibidas por las personas, obligándolas a desaprender muchos de los criterios que daban como asumidos. Por ejemplo, el principio de: ¡Existe una nueva tecnología, a ver qué hago con ella!, ¡Alguien lo comprará! Efectivamente, muchos inventos prometedores en su tiempo no cubrieron las altas expectativas iniciales de sus creadores (ej. Segway) e incluso conllevaron sonados fracasos empresariales. Pero es que, además de todo ello, muchas nuevas tecnologías no son completamente inofensivas. Así lo demuestran diferentes estudios sobre nuevos desequilibrios en el binomio satisfacción material y bienestar.

La industria necesita hoy, en consecuencia, un mejor conocimiento de las expectativas reales de los usuarios; especialmente, de los más desprotegidos, si quieren mantener adecuadas tasas de competitividad global. Y todo ello sin subestimar las grandes oportunidades mercantiles que vendrán asociadas al abordaje innovador de muchos retos clásicos de nuestra sociedad: accidentes de tráfico, laborales y domésticos; maltrato de la mujer; inmigración y desempleo; desigualdad social; calentamiento global… Así, la viabilidad de la empresa del siglo XXI dependerá en gran medida de su capacidad para escuchar; para no caer en una nueva forma de despotismo, en esta ocasión tecnológico, que les impida intuir la trascendencia de su responsabilidad ética, para sí y con la sociedad. Esto nos lleva a pensar que será precisamente el encuentro entre humanidades, ciencias sociales, tecnologías y empresas lo que marcará el camino a seguir en los próximos años.

En busca del e-Bienestar: El Instituto de Innovación para el Bienestar Ciudadano, una estrategia de reequilibrio entre riesgo y oportunidad

Imaginemos ahora un entorno avanzado donde profesionales de múltiples campos discurren y experimentan sobre estas cuestiones. Pensemos en un espacio donde se pueda emular con protagonistas reales el desenvolvimiento cotidiano de cualquier persona: se levanta en su casa, se prepara, sale y se desplaza, va a su lugar de trabajo o acude a un centro asistencial donde le prestan algún tipo de servicio. Parte de su tiempo lo dedica a aprender cosas nuevas y otra parte a la convivencia y el ocio. Imaginemos también que en un mismo espacio constructivo se concentran desarrollos de todas aquellas tecnologías convergentes que serán esenciales para el día a día de la gente; en especial de las personas con pérdida de autonomía. Imaginemos que incluso se pudieran comunicar familias voluntarias desde sus casas con un gran centro desde el que se monitoricen sus experiencias a tiempo real, en especial sus problemas de interacción con ordenadores y máquinas. Imaginemos que una entidad pudiera acreditar a una empresa que su nuevo dispositivo, producto

o servicio es realmente tan efectivo en un entorno real como promete, al tiempo que respeta normas técnicas, legales y éticas. Imaginemos por último que alguien te ayuda como empresario a cuestionar tus oportunidades de innovar en el campo de la e-inclusión, la e-salud y el e-bienestar; facilitándote incluso instalar tu propio laboratorio, donde puedas aprovechar el potencial conjunto de trabajar en una ciudad del conocimiento y la excelencia empresarial. Pues lo que estás visualizando se parecerá mucho a lo que será el futuro CIBIC, el Centro de Innovación para el Bienestar Ciudadano, que comenzamos a construir en el Parque Tecnológico de Andalucía en Málaga.

Articulo Original: Intergeneraciones Nº XIX-Marzo-Abril-2008

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